¿El fin del turismo de masas? Alternativas para un viaje significativo por Israel

Los días de los Grand Tours del siglo XIX llegaron a su fin. En aquella época los viajeros -aristócratas, escritores e hijos de las clases altas- salían desde Gran Bretaña, Europa o América para conocer culturas distintas y emprender nuevas aventuras.

Los viajes se extendían por meses o incluso años y llevaban un ritmo pausado para explorar a fondo las raíces de la cultura occidental en Italia, Francia y Grecia, o para ir más profundo aún, en India, África y Medio Oriente.

Un buen ejemplo lo representa el escritor estadounidense Mark Twain, quien visitó Tierra Santa en 1867 e informó sobre sus experiencias en su libro “The Innocents Abroad” (“Guía para viajeros inocentes”).

Impresiones en Tierra Santa

Como muchos escritores de su época, Twain veía las culturas extranjeras desde su superioridad occidental. Respecto del Mar de Galilea escribió: “Un lago solemne, sin veleros y sin matices, tan poco poético como cualquier bañera de la tierra”. Durante su visita a Belén, describió la Iglesia de la Natividad como “decorada con el mal gusto habitual que se observa en todos los lugares santos de Palestina”.

Su visión de Tierra Santa no fue elogiosa: “De todas las tierras que hay para establecer un paisaje lúgubre, creo que Palestina debe ser la principal. ¿Puede un hechizo divino embellecer una tierra? Palestina se sienta sobre arpillera y cenizas. Se cierne sobre ella el efecto de una maldición que ha secado sus campos y amarrado sus energías”.

En cuanto a los viajeros que conoció, Twain se refirió de la siguiente manera: “Los incorregibles peregrinos llegaron con los bolsillos llenos de fragmentos arrancados a las ruinas. Ojalá se pudiera detener este vandalismo. Arrancaron partes de la tumba de Noé; de las exquisitas esculturas de los Templos de Júpiter (Líbano); de las casas de Judas y Ananías, en Damasco; de la tumba de Nimrod el Valiente Cazador; de las inscripciones griegas y romanas talladas sobre los viejos muros del castillo de Banias; y ahora han estado rompiendo y saqueando estos viejos arcos que Jesús miró con sus propios ojos. ¡El cielo proteja el Santo Sepulcro cuando esta tribu invada Jerusalem!”

Del turismo de masas a los viajes con sentido

Desde esos días del Grand Tour, los viajes experimentaron múltiples cambios, primero con los viajes en trenes y barcos de vapor y luego con el avión, que de a poco convirtió a la posibilidad de viajar en un fenómeno de masas.

Diferentes formas de viajar surgieron en consecuencia. El más extendido es el conocido como “Sol, arena y mar” en el cual los turistas llegan de forma masiva a ciudades, centros turísticos y playas, consumiendo cultura, souvenirs y entretenimiento.

Contraria a la idea de un viaje enfocado en el consumo, el turismo sustentable surge con la concepción de un turismo “para servir”. Existe ahora una tendencia creciente de un turismo que se propone hacer del viaje una experiencia significativa por encima del solo hecho de ver, tocar o hablar con la población local y que busca dejar una huella positiva en los lugares y sociedades que se visitan.

Cada vez más viajeros y programas turísticos adoptan esta forma de pensar los viajes por el mundo. Tres circuitos alternativos que crecen en Israel son el volunturismo, la visita a poblaciones excluidas y el apoyo a empresas locales

Volunturismo

De la fusión entre voluntariado y turismo, surge este concepto según el cual las personas viajan para llevar a cabo buenas acciones en comunidades extranjeras. Israel tiene algunas opciones en este sentido que se dirigen tanto al turismo extranjero como a israelíes interesados en participar en proyectos locales.

Algunos ejemplos se pueden encontrar en los programas de voluntariado de las Fuerzas de Defensa, comedores populares, granjas de animales y centros para adultos mayores.

Uno de estos grandes proyectos es Leket, que recolecta alimentos para distribuirlos entre los más necesitados. Según el informe anual de la organización, durante 2020 se recolectaron casi 20 millones de toneladas de alimentos y se brindaron 246.000 comidas semanales. Viajeros de todo el mundo ayudan en la cosecha de frutas y verduras de los campos y granjas que luego la organización distribuye entre la población vulnerable.

Otro ejemplo lo brinda la Granja Terapéutica para Jóvenes en Riesgo de la Asociación Nitzan, que presta asistencia a jóvenes a través de programas de trabajo en la naturaleza. La granja recibe voluntarios que ayudan tanto a desarrollar la granja como a ampliar los espacios de asistencia para jóvenes en riesgo.

Asistencia a las comunidades excluidas

Otra forma innovadora de conocer un Israel distinto es a través de la participación voluntaria en los programas de incentivo que existen en el país para personas y comunidades marginadas, como ex trabajadoras sexuales, exconvictas, personas discapacitadas o adultos mayores.

Escuchar las historias de las subculturas de Israel, como los israelitas negros, el arte callejero y el grafiti ultraortodoxos o de Hozrim BeShe’ela (judíos ultraortodoxos que se convirtieron al secularismo), es una excelente manera de conocer la vida, la cultura y la sociedad israelí y sus momentos de cambio.

Apoyo a pequeños emprendimientos

La pandemia trajo grandes dificultades a las pequeñas empresas. Los recorridos por ciudades y campos pueden ser una buena forma de conocer de manera personal a productores, escuchar sus historias y probar sus productos. El impacto de un viajero es mayor cuando decide frenar y comprar los productos a los pequeños emprendimientos.

En Jerusalem existen recorridos gastronómicos con un guía que lleva a pequeños grupos a restaurantes y cafeterías cuyos dueños son inmigrantes recientes a Israel. Allí se pueden conocer las historias de personas que llegaron al país desde todas partes del mundo y probar las especialidades de su país de origen.

Vía YNet Español