La historia de amor que empezó con un atentado y se convirtió en una pieza de baile

Durante años, la coreógrafa Miriam Engel soñó con recopilar las historias de amor que encontraba en las calles de Jerusalem y luego, convertirlas en piezas de danza. La pandemia de COVID-19 que paralizó al mundo no fue obstáculo para llevar adelante su idea, Engel decidió tomar está limitación y continuar con su proyecto de manera virtual. Invitó a los enamorados de la ciudad a que le envíen sus historias y las convirtió en piezas que se bailaron y filmaron en la capital israelí. Próximamente, presentará 11 de estas obras como parte del festival en línea

Cuando Engel comenzó su proyecto, le llegaron cientos de historias, pequeñas y grandes. Una de ellas la conmovió profundamente. “A veces no tienes que decir mucho“, explica. “El enamoramiento y el destino común simplemente me atraparon“, agrega. La persona que la escribió fue Michal Halevi Harris, quien resultó gravemente herida en un brutal ataque terrorista en un autobús de la línea 18 en 1996 mientras servía en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Los médicos no creían que tenía muchas posibilidades de sobrevivir, pero lo hizo a pesar de haber estado clínicamente muerta, y después de meses de internaciones, cirugías y una larga rehabilitación.

Yo era una soldado de 19 años en la Marina y me levanté por la mañana para ir a la base“, recuerda Halevi Harris. “Cerca de la casa de mis padres me subí al autobús, que estaba lleno de soldados. De pronto, otro soldado subió con un bolso muy grande, pero nadie sospechó que algo andaba mal allí. Cuando llegamos al cruce Jaffa-Sarei Israel me levanté y me paré al lado de ese joven, y luego vi que había un atasco de tráfico, por lo que volví sobre mis pasos y me senté nuevamente. En ese segundo se hizo estallar. Su bolso contenía 25 kg de explosivos. Hubo 26 muertos y 84 heridos. Yo fui la persona que resultó más gravemente herida, ni siquiera pensaron en rescatarme“, cuenta. Los rescatistas abordaron el autobús, pero no sacaron a Halevi Harris. Solo en la segunda ronda de rescate alguien notó repentinamente que estaba viva. “Sufrí una muerte clínica y llegué al hospital sin posibilidad de sobrevivir. Todos mis órganos internos explotaron y se desgarraron, incluidos mis pulmones. De inmediato me llevaron al quirófano, pero después de 14 horas y media me di cuenta de que no había ninguna posibilidad. Cada cinco minutos moría y me revivían. Sorprendentemente sobreviví, los médicos no podían creer que estuviera viva”, relata.

Durante tres meses Halevi Harris permaneció en estado vegetativo. Cuando abrió los ojos, no podía dejar de llorar. “Me di cuenta de que ya no era lo que solía ser. Me lavaban y me vestían en la cama y defecaba en una olla. Todo lo que podía hacer era sentir lástima por mí misma, y ​​eso fue lo que hice“.

Al final de un largo proceso, fue trasladada al Centro Médico Hadassa. “Empecé a aprender todo de nuevo. Dijeron que ya no podía caminar, y me dolía mucho escuchar eso. Estaba en silla de ruedas, pero no me rendí. Dije que no saldría de allí hasta que me pusiera de pie”, comenta. Después de casi dos años, su fisioterapeuta le dijo que caminara. “Lo miré como si se hubiera caído de la luna“, recuerda, “pero él me dio contención y me prometió que no me dejaría caer al suelo. Me paré, lo sostuve con fuerza, me miré las piernas y les dije: ‘vamos, háganlo’’ y comencé a caminar. Fue un momento inexplicable. Lo único que me importaba en ese momento era que mi madre lo viera para demostrarle que ella tenía razón y que yo sobreviviría. Ella estaba en el pasillo porque no podía soportar mi dolor en fisioterapia y di el grito más fuerte de mi vida: ‘¡Mamá, camino!'”, agrega.

A partir de ese momento, como discapacitada de las FDI, Halevi Harris comenzó una rehabilitación más intensiva en Beit Halochem (un centro deportivo y de rehabilitación para discapacitados del ejército). Un día se animó a entrar al gimnasio del lugar. “Pensé que era un sitio para gente fuerte y saludable, y para mí yo era todo lo contrario“, dice. “Allí vi que ingresó un joven musculoso que hacía mucho ruido. Era Eli. Poco a poco me di cuenta de que él era instructor de fitness, pero después de un tiempo supe que también era un discapacitado de las FDI“, añade. Luego comenzaron a hablar. “Le conté toda la historia y quedó en shock. Me dijo ‘espero que te sientas bien, no tengo nada que decirte, buena suerte’, y se fue. Al final se acercó a mí de nuevo y después de irse me dejó una gran sonrisa en mi corazón“, recuerda. Después de un tiempo, Eli y Halevi se enamoraron. “Hablamos de todo menos de la herida, y eso es lo que me cautivó. Finalmente, alguien me vio como un ser humano“, expresa. Fue solo después de ocho meses que Eli se animó a pedirle casamiento. 20 años después, los dos siguen juntos ​​y tienen tres hijos.

Engel convirtió esta historia de amor en una pieza de baile de diez minutos. “Tuve que decidir en qué enfocarme”, explica. “Decidí hacerlo en sus pies paralizados. De hecho, Halevi camina con dos hierros que son usados como piernas. También estaba la imagen de la silla de ruedas, que elegí no mover, aunque es tentador moverse, dar la vuelta y volar con ella en el espacio. He hecho muchos intentos con estos hierros y duelen muchísimo. Es increíble sentir lo que ella siente cuando camina. Estos hierros se cierran sobre sus piernas y pantorrillas, y es una experiencia poderosa experimentarlo en mi cuerpo e intentar caminar con ellos en el estudio, y más aún bailar. Al final, decidimos que su marido Eli, cuyo personaje es interpretado en la pieza de baile por mi marido Sergei, sea los hierros de Halevi”, expresa.

El baile creado por Engel fue visto por primera vez por Halevi Harris mientras estaba sentada en un banco en el parque de Kiryat Yuval en Jerusalem. “Lo primero que vi cuando los vi bailar fue la parte de mis piernas. Ella pudo mostrar lo paralizadas que están. Estaba emocionada y no dejaba de llorar al verlo. Era como ver a mis propias piernas muertas“, cuenta.

Vía YNet Español