Semana Trágica, el primer pogrom de América Latina

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Durante la violenta represión sufrida por obreros metalúrgicos en la Semana Trágica, iniciada el 7 de enero de 1919, se produjo el primer “pogrom” en América Latina, que duró hasta el día 14 . Allí, sectores paramilitares vinculados al poder demostraron su ensañamiento contra los extranjeros en general y los judíos en particular.

Los fatídicos acontecimientos de esta semana se originaron el día 7 de enero cuando las Fuerzas Armadas dispararon contra las concentraciones de obreros huelguistas reunidos en los talleres metalúrgicos de Pedro Vasena. Cayeron muertos cinco obreros y cuarenta resultaron heridos. La huelga había comenzado en diciembre de 1918 y fue reprimida violentamente al mes siguiente.

Hay que tener en cuenta que si para 1898 los panaderos y los yeseros ya habían conseguido por medio de su lucha la jornada de ocho horas, los metalúrgicos, en 1919, todavía trabajaban once horas por día.  En una economía deprimida después de la Gran Guerra, las reivindicaciones contenían aumento de los jornales, el descanso dominical, el pago de horas extras y la reincorporación de despedidos por actividad gremial.

Con el desarrollo de los acontecimientos, el general Luis Dellepiane, jefe de la Segunda División del Ejército, no sólo fue el encargado a asumir la responsabilidad ejecutiva de la represión ordenada por el presidente Yrigoyen, sino que también fue el que dio vía libre a los “civiles” para que “colaboren”.

Luego de movilizarse el Ejército, la policía y las nuevas fuerzas civiles armadas, los “defensores del orden” – que al poco tiempo se agruparían en La Liga Patriótica – dividieron la Ciudad de Buenos Aires en zonas de operación, algunas de ellas densamente pobladas por judíos.

Si bien estos grupos estaban embanderados en un odio hacia el extranjero en general, el odio contra los judíos tenía un carácter especialmente notorio, global e indiscriminado.  “Más salvajes eran las manifestaciones de los “niños bien” traídos por la tormenta. Bajo los gritos de ‘¡Muerte a los judíos!’, ‘¡Muerte a los extranjeros maximalistas!’ celebraban orgías y actuaban de una manera refinada, sádica, torturando transeúntes. He aquí que detienen a un judío y, después de los primeros golpes, de su boca mana sangre en abundancia. En esta situación, le ordenan cantar el Himno Nacional. No puede hacerlo y lo matan en el mismo lugar”.  Este escalofriante relato pertenece al libro “Pesadilla (Koshmar)”  del escritor Pinie Wald en el que transcribió su dura experiencia por haber sido acusado por las milicias antisemitas de pretender instalar un “Soviet” en la Argentina.

La ciudad se vio sumida en el terror, imágenes similares son las que recordaba el escritor Samuel Glusberg (editó su obra bajo el seudónimo de Enrique Espinoza). “En esa cuadra donde yo vivía, que era por la calle Montes de Oca y California, por ahí tomaron a un pobre hombre que trabajaba en una mueblería y lo convirtieron en jefe del Movimiento Maximalista, como se decía entonces, que este era el jefe del maximalismo. Yo estaba en una librería mientras un vigilante disparó en las cuatro direcciones porque sí, debía estar borracho”.

Por su lado, José Mendelson, destacado escritor e intelectual que más tarde trascendió como una relevante figura de la comunidad judía de la Argentina y en aquellos días era un joven inmigrante, también narró las difíciles horas vividas por la colectividad, destacando el carácter público y la organización policial que tuvo el pogrom anti-judío.

“Aquí se trataba de una acción políticamente organizada, de un pogrom policialmente consumado contra nosotros, por el hecho de ser rusos. De maximalistas nos tildan a todos, sin diferencia, al pobre o al rico, al anciano o al joven, a sionistas y socialistas, a progresistas, reaccionarios, bolicheros y comerciantes, ya sea a trabajadores, a estudiantes o artesanos (…)”, explicaba.

Si muchos inmigrantes dejaron sus países de origen a causa de los violentos ataques que sufrían los judíos, los sangrientos asaltos les abrieron los ojos a una realidad que creían olvidada. “Jinetes arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles de Buenos Aires, les tiraban de las barbas, de sus grises y encanecidas barbas, y cuando ya no podían correr al ritmo de los caballos, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines, mientras los sables y los látigos de los hombres de a caballo caían y golpeaban intermitentemente sobre sus cuerpos”, describía Mendelson.

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Limpiando la sangre en la Avenida, entre Solis y Entre Ríos. Buenos Aires, 1919.

En un testimonio grabado en los años ’80, el Dr. Isaac Breiter, quien luego sería elegido Diputado Nacional, recordaba estos eventos siendo un niño de once años: “Vivíamos en Corrientes y Ayacucho, creo (…) así que ahí, encerrados por supuesto bajo llave, no por deseo ni por no deseo sino que mi padre encerró a toda la familia en casa y recién al día siguiente, a los días siguientes, recogíamos en la azotea de casa los balines y los cartuchos”.

El Centro “Marc Turkow” de AMIA cuenta actualmente con testimonios y documentos valiosos sobre el tema, que permiten difundir estos hechos y mantener viva la memoria para que allí donde reinó el terror, también surja  la esperanza y estos acontecimientos monstruosos no se repitan nunca más.

Fuentes:

  • Wald, Pinie, “Pesadilla”, en Crónicas Judeoargentinas/1 Los pioneros en Idish 1890-1944, Colección Imaginaria, Ed. Milá. Buenos Aires 1987.
  • Solominsky,  Nahum. “La Semana Trágica en la Argentina”. Ed. Congreso Judío Mundial. Buenos Aires, 1971. 
  • Senkman, Leonardo, “Entrevista a Isaac Breiter”, Archivo de la Palabra Centro Marc Turkow, Buenos Aires, 2 de noviembre de 1984.
  • Weinstein, Ana, “Entrevista Isaac Breiter”, Archivo de la Palabra Centro Marc Turkow, Buenos Aires, Septiembre de 1986

 

Nota aportada por el Centro de Documentación sobre Judaísmo Argentino “Marc Turkow” centro@amia.org.ar

 

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