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como Marisol

10-garrahan-voluntaria-marisolEstudiante de enfermería y de medicina, Marisol Resquin colabora en el Proyecto de Voluntariado en el Hospital de Pediatría Garrahan, cuidando niños en el sector de trasplante de médula. El programa tiene un gran impacto, a la vez que se gana experiencia profesional.  “Elegí ambas carreras – cuenta la joven- por dos motivos. Siempre me fascinó la complejidad del cuerpo humano, su perfección, sus variables. También la relación con las personas y la posibilidad de brindarles ayuda durante un estado de máxima debilidad”.

¿Por qué te acercaste a AMIA?

La había escuchado nombrar pero no conocía muy bien las actividades. Un cliente del banco donde trabajaba me comentó sobre el Servicio de Empleo.  Busqué por internet la página web e ingresé mi CV, buscando ofertas laborales en relación con el área de salud. Fue por medio del sitio que conocí las tareas de voluntariado y envié mis datos para quedar en contacto.

 ¿Por qué te incorporaste al área de voluntariado?

Siempre quise formar parte de un voluntariado, aportar mi granito de arena de alguna manera. Creo que todos  podemos colaborar, cada uno desde un lugar diferente, y yo buscaba dar mi aporte en relación con mi vocación. Durante un tiempo prolongado estuve en contacto con la Coordinadora del Área de Voluntariado, para contarle mis intereses. Me hicieron varias propuestas para participar, pero no me sentía capacitada para ninguna, hasta que llegó el proyecto con la Fundación Garrahan.

¿Qué sentís al ser parte del proyecto?

Es totalmente altruista, consiste en aportar un tiempo, una mirada, una caricia, una palabra, un juego a un OTRO desconocido y vulnerable, sin esperar nada a cambio ¡pero recibiendo mucho! Al ir al Garrahan y pasar unas horas semanales junto a tantos chicos el grupo de voluntarias no sólo le da a los familiares la posibilidad de bañarse, alimentarse, hacer trámites o simplemente salir y cambiar de aire, sino que genera un nexo con esos niños, interactúa de un modo difícil de explicar. Es un dar y recibir constante. Muchas veces no es fácil, pero nada que valga la pena lo es. Hay días en que estás al lado de una cama, presente, dando una mano. Otros sos una niña más: jugás, bailás, cantás, pintás. Siempre estás dando lo mejor de vos para aliviar una carga pesada, no sólo en ese niño o niña, sino también en todo un grupo familiar. Cambiás en lo personal, aprendés a valorar aquello que muchos dan por sentado, a ver el valor de lo simple, de lo cotidiano.

¿Qué sensaciones te despertó? ¿En qué te cambió?

Claro que sí. Estoy muy contenta con el proyecto del que formo parte, pero no es el único que se desarrolla en AMIA, por lo que recomendaría que se acerquen y busquen aquello para lo que se sientan más aptos o crean puedan desempeñar.

¿Le recomendás a otras personas que se sumen? ¿Vas a seguir participando? 

Sí, mi idea es mantenerlo en el tiempo, aunque que muchas veces se me dificulta por las distancias que me separan del hospital, porque yo soy de zona oeste y mi único medio de transporte es el tren. Sumado a mi trabajo y estudio suele ser dificultoso llevarlo a cabo, pero hasta ahora me acomodé y es mi deseo seguir así.

Marisol Resquin

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