AMIA: sin saberlo, un cantante homenajeó a Marisa, su compañera

Clarin – 17/07 . Por Ana María ShúaTestimonio-Corvata-Corvalan-Carajo-Marisa_CLAIMA20160718_0038_28

Marisa Said tiene 16 años y escribe una carta a Dios. Una carta sencilla, personal, llena de amor y confianza en el Más Alto, a quien ella siente tan cerca, tan adentro de su corazón. Pide perdón por haber dudado alguna vez, ruega por que desaparezca del mundo la injusticia, agradece, con un poco de culpa, su propia felicidad.

Seis años después, a los 22, Marisa estudia psicopedagogía y trabaja como recepcionista en la AMIA. El 18 de julio de 1994 muere asesinada en el atentado.

Han pasado precisamente otros 22 años cuando 100 artistas argentinos, tal vez los más queridos de nuestra música popular, con Lito Vitale en la dirección musical, participan en un maravilloso canto a la vida, un video en el que cantan o interpretan la canción “La memoria”, de León Gieco. Contra la falta de justicia, contra la impunidad, por la gente, en conmemoración del terrible atentado pero yendo mucho más allá, “La Memoria” lo recuerda todo, y une ese 18 de julio con otros horrores de nuestra historia y de nuestro continente. Justicia, justicia, justicia, se exige después de la canción: porque solo la justicia le dará sentido a la memoria.

Entre los músicos está Marcelo “Corvata” Corvalán, el cantante de Carajo, la banda de rock pesado. Podría haberle tocado cantar el fragmento de la canción que habla de los 150 mil muertos guatemaltecos o de la impunidad de los genocidas. Pero en cambio,canta una línea que dice “Todos los muertos de la AMIA”. Y se lleva una mano al corazón, en un gesto íntimo, profundo, que quizás él mismo no sepa explicar.

Desde el Facebook de la AMIA, el video se viraliza. Reproducido millones de veces, da la vuelta al mundo. Cientos de personas le agregan sus comentarios. Entre ellos, un argentino que se llama Martín Gruver y vive en España. Comenta que Marcelo Corvalán fue su compañero de la primaria, junto con Marisa Said: “No creo que Marcelo esté al tanto del destino de nuestra compañera”, escribe.

Elio Kapszuk, director del Espacio de Arte de la AMIA, y responsable de la idea y la realización del video, comprende, muy conmovido, que allí hay una historia que nos roza a todos. Y le cuenta lo sucedido a Corvata Corvalán, que no recuerda a Marisa entre sus compañeros. “No me acuerdo de nada: me habían cambiado de turno y estuve con ese grupo solamente en sexto y séptimo”. La escuela queda Villa Crespo, es estatal, se llama Francisco Desiderio Herrera.

Kapszuk comprueba con una llamada que todo es cierto: en la lista de calificaciones del curso de 7º grado, año 1984, figuran los tres. En orden alfabético, Corvalán, Gruver, Said. Consigue el teléfono de la madre de Marisa y la llama. Asombrada, confundida, Teresa le da el teléfono a uno de sus hijos. Es uno hermano de Marisa el que termina de explicarle de qué se trata.

A pedido de Kapszuk, esa noche, Teresa, una vez más en su vida, mira una por una las fotos de su hija muerta. Lo siente, de algún modo, como una reparación. Encuentra dos de la escuela: una es la foto anual del grado. En otra los chicos están en el viaje de egresados.

Las fotos recorren el camino hasta Marcelo, que las mira emocionado: si el nombre no le decía nada, esa carita le recuerda todo. La memoria vuelve hecha torrente: ésa era la chiquita que lo ayudó a integrarse en el nuevo grupo, donde no tenía amigos. Con su sonrisa de 12 años, Marisa ha vuelto.

Además de las fotos, Teresa tiene para mostrarles esa carta increíble en que Marisa le habla a Dios. Y tampoco esto es casual. El cantante de la banda Carajo es un hombre de fe, que cree en un Dios de todos y para todos, hecho de amor, de comprensión. Y de justicia.

Las palabras inocentes y sencillas de la carta de Marisa lo han tocado en lo hondo. Corvalán se expresa de la única manera posible: es músico, es poeta. Compone la letra de una canción. Lito Vitale trabaja con él en la música.

El viernes 15 de julio, en la AMIA, Teresa, la madre de Marisa, y sus dos hermanos, Andrés y Jorge, se reúnen con Marcelo. En total han pasado sólo 72 horas desde que se escribió, en España, el comentario que llevó a este encuentro. Teresa es una mujer fuerte, cálida, capaz de volcar en un abrazo todo lo que significa el recuerdo de su hija. “Ahora tengo una nueva amiga”, le dice Marcelo. Jorge, hermano de Marisa, se quiebra hablando de ella. Han pasado 22 años, pero algunas heridas no se cierran nunca.

Testimonio. “Corvata” Corvalán, cantante de Carajo, con la mamá de Marisa y una foto que la recuerda.

Testimonio. “Corvata” Corvalán, cantante de Carajo, con la mamá de Marisa y una foto que la recuerda.

Lito Vitale se acerca al teclado. Marcelo canta. La música y la poesía salen a decirnos aquello que las palabras de todos los días no alcanzan a expresar. La canción termina así: “Hoy solo vuelvo a decir/ lo mismo que dije ayer/ no se preocupen por mí/ donde estoy me tratan bien/ como pedí”.

Lloramos. ¿Acaso se puede evitar? Y la memoria se hace futuro.

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