Gino Bartali, el ciclista que es leyenda

Bartali salvó la vida a cientos de judíos

Bartali salvó la vida a cientos de judíos

Fue un héroe más allá del deporte que salvó la vida a cientos de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, sin que nadie lo supiera hasta después de su muerte.

En una Europa cada vez más convulsionada, con 22 años se convirtió en el inesperado ganador del Giro de Italia 1936. Esa fue la primera de sus tres conquistas en la tradicional competencia. Obligado por el gobierno de Mussolini, en 1938 Bartali renunció al Giro y se concentró en el Tour de France. Se quedó con la famosa carrera y con esta actuación, definitivamente se consagró como la gran figura del ciclismo. A la vez, su imagen quedó relacionada al fascismo, sin embargo no hay pruebas que lo vinculen a esa ideología. Más bien todo lo contrario.

Los que deberían haber sido los años de plenitud deportiva de Bartali coincidieron con la Segunda Guerra Mundial. El ciclista, un católico convencido que apoyó siempre a la Democracia Cristiana, pedaleó también por una causa arriesgada en los años álgidos del fascismo: el salvamento de los judíos italianos.

Entre 1943 y1944, Bartali integró una sociedad clandestina creada por la Unión de las Comunidades Israelíes que con el apoyo de varios arzobispos en remotas abadías o conventos fabricaba pasaportes falsos para que los judíos pudieran escaparse de Italia. Bartali recorrió las carreteras secundarias y los caminos secretos de la Toscana encima de su bicicleta, llevando consigo documentos falsos que serían utilizados por numerosos judíos de la región en su fuga hacia la libertad.

Su misión era transportar documentación ficticia

Su misión era transportar documentación ficticia

La misión del ciclista era transportar a través de la región documentación ficticia y en otras oportunidades sirvió de guía para mostrarles a los fugitivos caminos seguros por donde transitar. Si en el trayecto lo paraba la policía decía que estaba entrenando. Como nadie se animaba a contradecir a un ídolo que, además, contaba con el beneplácito del Duche, le pedían un autógrafo y lo dejaban continuar sin hacer más preguntas.

Sus funerales, celebrados en Florencia, donde murió en mayo de 2000 a los 86 años, fueron una impresionante demostración de duelo popular. Pero sus compatriotas ignoraban entonces la participación de Bartali en una red clandestina de resistentes. Esto salió a la luz gracias a tres cuadernos de apuntes de su principal organizador, Giorgio Nissim, que tuvo una participación fundamental en los movimientos de asistencia, que llegó a poner a salvo a 800 judíos de Toscana.

Bartali, leyenda, campeón y mito de un ciclismo pobre y sin trucos,  se convirtió en una figura popular por sus hazañas, su simpatía y cordialidad, pero también por una simplicidad que supo mantener incluso en la cumbre del éxito.  En la competencia daba todo, luchaba siempre y no le gustaba quedarse atrás. En la vida también. Incansable y jamás decidido a rendirse, es hoy una parte de la historia de Italia.

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