Argentinidad y judaísmo en César Tiempo

Israel Zeitlin, quien fuera más conocido por su seudónimo, César Tiempo, nació en Ucrania en 1906 y en diciembre de ese mismo año, llegó junto a su familia a Buenos Aires. Su infancia transcurrió entre los barrios Villa Crespo y San Cristóbal, donde su temprano interés por la literatura y un oportuno trabajo en una imprenta y librería familiar le permitieron conocer a la bohemia literaria de la época.

Mantuvo un mismo eje temático en casi todas sus obras: el judaísmo

Mantuvo un mismo eje temático en casi todas sus obras: el judaísmo

Con tan sólo 15 años enviaba cuentos y poemas de temas judaicos a varios periódicos argentinos. Escritor teatral precoz, con el paso del tiempo se convirtió también en un periodista destacado que practicó la crónica y el ensayo literario. En 1926 apareció su primer libro de poemas “Versos de una…”, cuya autoría escondió detrás de la personalidad literaria de Clara Beter, joven poeta y prostituta rusa.

Ya con el seudónimo de César Tiempo, colaboró con los grupos de Boedo y Florida, compiló la antología “Exposición de la actual poesía argentina” y recorrió todos los rincones del ambiente artístico (hizo notas periodísticas, guiones teatrales y cinematográficos para la televisión, pasando también por la radio). Durante el gobierno peronista, tuvo a su cargo el suplemento cultural del diario La Prensa. Muchas de sus obras fueron realizadas no sólo en el país, sino también en México, Chile, España e Italia.

Tuvo el mérito de ser el primer poeta en la Argentina que elevó a categoría lírica poemas con temática judía. De hecho, en 1930 recibió el Premio Municipal de Poesía por “Libro para la pausa del sábado”, al que le siguieron “Sabation argentino”, “Sábado domingo” y “Sábado pleno”, en los que el autor se asume como judío, habla de los rituales de sus mayores y le otorga significación poética a la pausa del sábado, que es el día de descanso y recogimiento para la comunidad hebrea.

Libro para la pausa del sábado

Libro para la pausa del sábado

Mantuvo un mismo eje temático en casi todas sus obras, el judaísmo, pero mediante diferentes perspectivas, ya sea como un narrador fiel a las costumbres judías o denunciando la discriminación sufrida por los judíos en territorio argentino y en el resto del mundo, bajo un tinte humorístico muy particular. Manuela Fingueret analizó este aspecto en el libro “César Tiempo, el poeta de los tres nombres”:

“Los primeros escritores judeoargentinos que escribieron en castellano permanecen como un símbolo emblemático de lo que significa la pasión de abrazar con amor -y también con conflictos- una identidad nacional que por entonces se estaba conformando. Una identidad que nacía, además, plena de matices personales. La obra de Tiempo expresó esos dilemas; también sus luchas por encontrar un espacio en el mundo literario y su compromiso con las causas que consideraba justas”,

Tiempo falleció en Buenos Aires el 24 de octubre de 1980, dejando tras de sí un importante legado como uno de los escritores más singulares de su época. Compartimos uno de los poemas del libro “La pausa del sábado”:

Celebra el día con alegres manos,
como si bendijeras lo que tocas.
Hoy habla Dios por nuestras pobres bocas
y en la fiesta común somos hermanos.
Mi corazón no tiene otro presente
para el sábado que estas aleluyas,
de pecho ardido. Tómalas son tuyas,
vamos a izarlas silenciosamente.

Fuente: Fingueret, Manuela. “César Tiempo: el poeta de los tres nombres”. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2014.

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