La influencia de la música judía en Astor Piazzolla

Piazzolla de niño

Piazzolla de niño

Radicado en Nueva York, con su familia, el músico dio sus primeros pasos con el bandoneón en una sinagoga de su barrio.

En 1821 el fabricante Heinrich Band creó un instrumento portátil inspirado en la concertina, con la intención de proveer de música a las pequeñas iglesias que no podían comprar ni mantener órganos. El invento, bautizado “bandoneón”, sería con el tiempo el símbolo máximo del tango.

Un niño de tan sólo 10 años, oriundo de Mar del Plata e hijo de inmigrantes italianos, que vivía en el suburbio neoyorquino de Brooklyn, alucinó con ese raro instrumento que le compró su padre, reconociendo su capacidad para la música. Los años de niñez que el músico argentino pasó en Estados Unidos fueron los más decisivos en su formación personal.

El hecho de vivir en un barrio de inmigrantes italianos y judíos generó una interacción cultural muy interesante. La familia Piazzolla vivía al lado de una sinagoga, escuchando constantemente tanto la música litúrgica como la de los músicos judíos en casamientos y festividades. Desde allí requerían al pequeño Piazzolla para que acompañara al jazán. Al finalizar la ceremonia, Astor tocaba solo con su bandoneón los freilaj klezmer tradicionales que había aprendido. Según sus propias palabras, era el “goy fun shabes”.

Se convirtió en un virtuoso bandoneonista

Se convirtió en un virtuoso bandoneonista

El ritmo vivaz y la síncopa de esas ‘tijeras’ fueron quedando indelebles en su memoria, así como el ídish de sus vecinos. Las melodías casamenteras de las sinagogas influyeron en la formación del revolucionario músico argentino y luego serían un decisivo aporte a la historia de la música de Buenos Aires. En su vuelta a la Argentina la ejecución del tango sería su fuente de ingresos al convertirse en un virtuoso bandoneonista.

Los especialistas afirman que muchos de los ornamentos de sus solos de bandoneón son muy cercanos a los que se escuchan en el klezmer, sobre todo en los sonidos del clarinete y el violín. Este sonido ajeno al tango más tradicional, por el cual su música no era comprendida, actualmente es inseparable de la música más representativa de  la Argentina. Del mismo modo, este entrecruzamiento de culturas presente en el tango piazzolliano es una constante en la conformación profunda de lo porteño en el siglo XIX.

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