“Los crímenes de Moisés Ville”: Una historia de gauchos y judíos

En 2009 Javier Sinay encontró en internet la reproducción de un artículo de 1947, firmado por su bisabuelo, Mijl Hacohen Sinay, periodista como él, titulado “Las primeras víctimas judías en Moisés Ville”. Hablaba de 22 asesinatos cometidos, entre 1889 y principios del siglo XX, por gauchos bandidos contra colonos judíos llegados a esa zona de la provincia de Santa Fe desde Ucrania, huyendo de los pogroms del imperio zarista. Comenzó, entonces, a reconstruir la historia familiar y la de ese pequeño pueblo, que derivaría en el libro “Los crímenes de Moisés Ville”, donde se observa un costado poco conocido y brutal de la relación entre gauchos y colonos judíos por aquellos años.

Los crimenes de Moises Ville - bajaEn esa investigación, a la vez entrañable y tenebrosa, aprendió ídish para descifrar documentos antiguos, contrató a un detective de libros para rastrear los ejemplares de Der Viderkol (el primer periódico judío de la Argentina, redactado también por el bisabuelo de Sinay y continente, tal vez, de alguna noticia irrevelada sobre aquellos crímenes) y viajó repetidas veces a Moisés Ville, donde la cultura judía ha dejado huella en sus cuatro sinagogas y sus calles de nombres hebreos.

Escribir un policial judío fue un trabajo complejo que implicó también viajar en el tiempo para investigar esos 22 homicidios cometidos 120 años atrás y a la vez dotarlos de un contexto capaz de explicar quiénes eran estos colonos, qué bagaje cultural traían, qué visión del mundo tenían, qué esperaban de la Argentina y cómo fue que se asentaron en estas tierras, con un arraigo tan profundo en tan poco tiempo.

La investigación de los homicidios de Moisés Ville fue muy diferente a la de los crímenes cometidos en el presente. Si para investigar un caso policial actual hay que encontrar, antes que nada, a los protagonistas y afrontar una entrevista que usualmente conlleva una alta carga dramática, en estos homicidios lejanos el desafío era diferente: no se trataba ya de hablar con los protagonistas -que no estaban entre nosotros-, sino de rastrearlos en el pasado a través de sumarios judiciales, notas de prensa, cartas, manuscritos, memorias orales familiares y archivos de todo tipo.

Mijl-Hacohen-Sinay-11Por otro lado, muchas de las fuentes bibliográficas estaban escritas en ídish. Y Sinay sabía que cuanto más ídish aprendiera, mejor podría rastrear las fuentes bibliográficas y, por ende, más cerca estaría de develar la verdad sobre los crímenes. Ese idioma, fascinante y extraño, abría desde los documentos y los archivos las puertas de mundo vibrante, vitalista, algo contradictorio y en plena efervescencia cultural. Pero, más que nada, un mundo argentino.

¿De qué nos hablan hoy esos 22 asesinatos? De un país que se estaba transformando a pasos agigantados con la llegada de los gringos y la desaparición de los viejos gauchos. De alguna manera, el debate entre Domingo F. Sarmiento y José Hernández -popular vs. liberal- se daba sin tener en cuenta realmente si la Argentina profunda estaba preparada para recibir a los inmigrantes. Desde la década de 1860 el gaucho estaba siendo sometido a la modernización y potenciación de los campos, y esto significa que se lo obligaba a convertirse en un peón de estancia jaqueado por las restricciones a sus libertades. El gaucho que no quisiera acatar, se convertía en un marginal. Y alguno, también en bandido. La provincia de Santa Fe, por ejemplo, vio pasar a los bandidos rurales por varias de las 350 colonias que existían a principios de la década de 1890.

Esta primera etapa de fricción derivó después en varias décadas de fusión. De hecho, la figura del “gaucho judío” que inventa Alberto Gerchunoff en 1910 es relativamente próxima a la fundación de Moisés Ville en 1889. La cooperación entre gauchos y colonos judíos se dio de modo natural en muy poco tiempo y trajo luego esa identidad judeoargentina rural tan singular y simpática que es la del gaucho judío, sobre la que todavía hoy preguntan los turistas que llegan a las colonias. Y eso también está contado en “Los crímenes de Moisés Ville”.

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