Max Schmeling: el campeón alemán que enfrentó al nazismo

Su vida es una historia de película. Quizás por eso la industria cinematográfica no perdió la oportunidad de llevarla a la pantalla grande. Nacido en 1905, en el seno de una humilde familia alemana, Max Schmeling llegó a convertirse en campeón mundial de boxeo. Sin embargo, en plena Alemania nazi, ese liderazgo se transformaría en un arma de doble filo.

200px-Max-schmelingA los 24 años se convirtió en profesional y tan sólo seis después obtenía el cinturón mundial. Por esa época, invirtió en negocios de plantaciones de tabaco y abrigos de visón, y se casó con Anny Ondra, una de las actrices más famosas de la Alemania de los 30.

La cima de su carrera profesional llegó en su combate en el Yankee Stadium en 1936, cuando derrotó por knock out a su contrincante Joe Louis, invicto hasta entonces y uno de los más brillantes boxeadores de todos los tiempos. En pleno auge del nazismo, esa victoria fue utilizada por la propaganda nazi: manifestaron que la fortaleza del boxeador expresaba la declamada superioridad de la raza aria. Ignoraban que luego ayudaría a judíos a esconderse y salvaría a otros de los campos de concentración.

Apodado despectivamente como el “Perro Nazi”’, Shmeling le dio la revancha  a Joe en 1938, en una lucha que fue catalogada como “del bien contra el mal”. El alemán cayó fulminado y sin sentido a los dos minutos. Luego expresaría: “Mirando atrás, soy casi feliz de perder aquella pelea. Sólo imagino si hubiera regresado a Alemania con la victoria. No tuve nada que ver con los nazis, pero ellos me habrían dado una medalla. Tras la guerra, pude haber sido considerado un criminal de guerra”.

Boda de Max Schmeling y Anny Ondra.

Boda de Max Schmeling y Anny Ondra.

Para ese entonces el campeón ya ejercía una resistencia silenciosa frente al nazismo, que se manifestaba en su negativa a afiliarse al nacionalsocialismo, mientras, caído en desgracia para los jerarcas del partido, fue alistado como paracaidista en la Segunda Guerra Mundial. Aunque quiso volver a pelear, sus puños y sus movimientos ya no eran los mismos. Después de varios combates  y con 70 peleas en su haber, colgó los guantes definitivamente en 1948.

Su relación con Louis fue mucho más allá del ring: lo ayudó con sus problemas económicos e incluso pagó parte de su funeral. También volvió a tomar posición ante el horror nazi al salvar la vida de dos hermanos judíos, a quienes mantuvo escondidos para después  ayudarlos a abandonar Alemania y llegar a los Estados Unidos. Décadas más tarde, ese acto en el que arriesgó su vida, le valdría una distinción de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Con esa misma conducta como guía, conservó a su manager judío, Joe Jacobs, pese a las demandas del ministro de Prensa y Propaganda del régimen, Joseph Goebbels. Por estas y otras acciones obtuvo la Cruz Federal de Honor alemana. Además en 1979 fue recibido por el presidente de Estados Unidos Jimmy Carter y en 1987 la prensa especializada lo eligió como el deportista alemán más importante de todos los tiempos.

Su figura excede los márgenes de lo deportivo y cuando murió a los 99 años le rindieron tributo grandes figuras de la política y del deporte de Alemania. Schmeling no se conformó con ser un ídolo deportivo, usó su influencia para colocar por encima de todo éxito personal a la dignidad de la existencia. Combatió todo aquello que consideró justo y se ganó, sin dudas, el título de campeón.

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