18J: Duele como el primer día

Para ellos no es necesario hacer memoria: el recuerdo es imborrable cuando se trata de los afectos. Parientes, amigos, compañeros de trabajo. 19 años de silencios, de esperas y de dolor sin justicia. Mucho tiempo.

Ante un nuevo aniversario, la sociedad se une hoy nuevamente en el reclamo y desde este sitio intentamos honrar a las víctimas: sus historias, lo que fue y lo que podría haber sido. En cada una de ellas volvemos a recordar a todos, a los cientos de heridos y las 85 vidas inocentes que destruyó el ataque terrorista a la AMIA. Como Fabián Schalit, a quien Martín Seefeld evoca con un relato conmovedor.

El joven de 33 años, licenciado en Economía y con planes de casamiento, se encontraba en la AMIA junto a su hermano y un amigo haciendo los trámites para el sepelio de su abuelo. El actor relata así las horas previas que compartió junto a él. Luego removería escombros con la ilusión de encontrarlo divagando por las calles en estado de shock.

“Es inútil negarlo, todos morimos un poco con los hombres queridos que perdemos”, expresa Moshé Korin, Secretario de Cultura de AMIA, al repasar su vínculo con Jaime Plaksin, compañero de trabajo que perdió en el atentado. “Cuesta creer que un corazón tan hondo, tan noble, debiese dejar de latir tan rápidamente. Cuesta creer que el padre, el abuelo, el esposo, el hermano, el amigo, el maestro, el hombre de la cultura, no está físicamente entre nosotros”, dice al referirse a Jaime, quien también daba cursos en el templo de la calle Libertad.

Jaime Plaksin

Jaime Plaksin

Moishe recuerda que “leer, escribir, enseñar y contar, fueron para él aventuras inseparables e incomparables”. Por eso, no duda en afirmar: “Con su muerte hemos perdido un amigo infrecuente. El suyo era un corazón abierto a la cultura general y a los vericuetos del conocimiento de la Cábala con parejo interés y aptitud. Lo recordaremos siempre como un hombre ganado por la curiosidad, más empeñado en interrogar e interrogarse que en afirmar, en celebrar la inteligencia de su prójimo que en exhibir los atributos de la suya”.

A 19 años del atentado los recuerdos nos acercan y el reclamo vive en cada uno de nosotros; se extiende en cada ejercicio de la memoria, que remueve lo más oscuro pero también ilumina el camino de la acción. Y más aún cuando el dolor es aún una herida abierta, que no cesa.

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