La fotografía israelí

Si no se toma cierta distancia con los acontecimientos se pierde toda perspectiva. Es difícil seguir siendo objetivo frente a los hechos e impedir que se transparenten las convicciones propias en la imagen. Es prácticamente imposible participar en los acontecimientos y ser observador, testigo e intérprete.

Micha Bar’ Am, fotógrafo israelí

Muro

El término fotografía procede del griego phos (“luz”) y grafis (“diseñar”, “escribir”), o sea: diseñar o escribir con la luz. Por definición, entonces, una fotografía es como la observación de la realidad a través de una ventana; es crear una nueva relación entre imágenes y personas; es aportar credibilidad al instante siendo, su veracidad, la base del pensamiento pos-moderno.

En los primeros tiempos, no pocos tomaron -como verdad revelada- las aseveraciones de Baudelaire quien sostenía que, la fotografía, era “el enemigo de la pintura” especialmente porque adolecía de “algunas” enfermedades infantiles como la falta de tradición, necesidad de adoptar reglas estéticas y estrategias creativas. Posteriormente, Rudolf Arnheim afirmó que, desde su nacimiento, proporcionó una nueva relación entre imagen y ser humano.

Hasta entonces, todo eran representaciones artísticas que imitaban la realidad; nunca la realidad misma. Pero, con la fotografía, por primera vez, se podía entender la “proyección de la realidad” y, en no pocas ocasiones, sus hallazgos fueron comparados con los de la Revolución Industrial.

El siglo XIX fue testigo de cambios en la metodología de representación auténtica del trasfondo oriental. La labor del artista se reforzó y, la fotografía, ofreció un camino fácil, rápido y exacto (en relación a la pintura) de esbozo de un paisaje o una escena callejera.

Kikar Rabin

En la práctica, la fotografía israelí no tiene fecha de nacimiento ni ideología. Es probable que, sus comienzos, se remonten a 1833, a la obra del arquitecto y estudioso británico Frederic Catherwood, quien tomó el Monte del Templo y sus alrededores con una “camera lúcida” desde la residencia del Gobernador. O, tal vez, 1922 sea la fecha como concepción estética, conceptual, política o de otro tipo,  con la exposición ofrecida en la Torre de David.

La disciplina fue alcanzando -con las distintas olas inmigratorias- los pilares del oficio aportados por aquello que, los creadores, traían desde sus países de origen y, a falta de escuelas e instituciones, fueron esos artistas los que la hicieron crecer. Con el nacimiento del Estado, hubo transformaciones y los asistentes aprendieron la profesión de sus mayores. Con ello, y a pesar de la dificultad y la falta de material uniforme, hubo registros deslumbrantes y calificados trabajos; comparables a los occidentales en el mismo período. Todos resultaron reflejos de la historia, el desarrollo local y el establecimiento nacional.

Escena callejera en Ben Yehuda y Shatz, Jerusalem

Desde entonces, los tiempos cambiaron pero, si hubo un elemento común, ese fue  la tensión entre la realidad en la que viven, que padecen, que experimentan, que construyen, que configuran y recrean en sus obras y el alboroto interno de sus subjetividades. Si, hasta finales de la década de los ´80 prevalecieron los principios del ideal y el sionismo, en los ´90 mostraron la misma pluralidad, fragmentación, inestabilidad y contradicciones que otros creadores. Sin embargo, hubo temas que continuaron como, por ejemplo aquello que había quedado en la memoria colectiva, el recuerdo de los campos de concentración, el impacto de los atentados en las ciudades israelíes o los sentimientos contradictorios, surgidos en la propia sociedad israelí, a la hora de abordar la cuestión palestina. Esos temas son el substrato, siempre presentes, en la mente del artista y cuyo reflejo queda en sus obras.

No faltó, desde luego, la perspectiva irónica, capaz de descubrir la riqueza de estilos y la diversidad temática. Las instantáneas, en blanco y negro, ofrecieron una visión, personal y objetiva sobre temas controversiales. En este sentido, Israel, país de contrastes y distinto al marcado por los estereotipos, trata de demostrar que es capaz de producir algo más que sobresaltos informativos. La combinación de arte y crónica, la conjugación de concepción artística y enfoque periodístico, demuestra ser un medio efectivo disponible para los jóvenes artistas israelíes.

Así, la fotografía local, desarrolló lazos con los medios de información, la publicidad y, en cierta medida, los museos. Su logro arquetípico es el conflicto, género donde se sobrepuso a la tradición, la jerarquía y la rutina.

 

Fuente: Extracto del libro Fotógrafos en la calle realizado por Cidipal.

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