Recordar, exigir, educar

Ayer, 18 de julio, se conmemoró el 18º aniversario del atentado a la AMIA con un acto central que comenzó, como todos los años, con una sirena a las 9.53hs.

 

Llegando a la mayoría de edad, el reclamo de justicia y la necesidad de mantener viva la memoria se encaminó en la mirada hacia el futuro, hacia la importancia de educar a las nuevas generaciones que no recuerdan el terrible día en el que una bomba explotó en Pasteur 633, simplemente porque no habían nacido.

 

Para honrar a las 85 víctimas, para que el hecho no quede en el olvido, para llegar a los más jóvenes, 18 estudiantes de 18 años tuvieron la palabra para expresar el dolor, exigir justicia y educar para que todos hagamos memoria.

 

A continuación, les acercamos el texto expresado ayer por estas 18 personas que nacieron en aquel año, cuando la vida de 85 familias cambiaba su curso, marcando un antes y un después en la historia de todos los argentinos.

 

Nací en 1994. Tengo la misma cantidad de años que el atentado a la AMIA. Viví todo ese tiempo que ellos no pudieron. La vida que les arrancaron.

 

Soy, de alguna manera, un sobreviviente del atentado. Porque no estuve aquí ese día a esta hora. Porque no pase por esta calle. Porque no trabajaba por acá.

Porque no tenía que ir a hacer un trámite cerca. Porque no tuve que acompañar a nadie. Porque a mi no me mató la bomba.

 

Soy un sobreviviente del atentado, como cada uno de ustedes, de los que están hoy acá, de los que están viendo este acto por televisión en algún lugar de nuestro país, siguiéndolo por radio o por Internet, en sus casas, en sus trabajos, en el colectivo, en el subte, en el tren, en todas partes.

 

Soy un sobreviviente que no tiene recuerdos de qué estaba haciendo en el momento de la explosión. Porque en ese instante no tenía pasado, era sólo futuro. El futuro que a ellos les arrebataron.

 

Y si era tan chico cuando explotó la bomba, si no tengo recuerdos de aquél segundo cuando el tiempo se detuvo, si a mi no pasó. Entonces, ¿qué tiene que ver el atentado a la AMIA conmigo?

 

El atentado tiene que ver con todos. Porque es una herida sin cicatrizar, que nos atraviesa como sociedad y nos interpela. Y porque nuestra postura habla sobre qué futuro queremos construir.

 

Tengo 18 años y asumo la responsabilidad de tomar la posta. Porque siento la necesidad de preguntarme ¿qué pasará con esta fecha dentro de 5, 10 o 20 años? ¿Qué rol nos cabe a los jóvenes de aquí hacia delante? ¿Qué recordarán las nuevas generaciones cuando llegue el 18 de julio?

 

Así empieza mi respuesta a tantas preguntas. Participando sin callar.

 

Frente a quienes buscan eliminar al diferente, yo elijo potenciarme caminando junto a otros.

Frente a quienes siembran el miedo para imponer su postura, yo me nutro de las ideas de los que me rodean.

Frente a quienes destrozan y matan, yo defiendo a ultranza el valor supremo de la vida.

 

El 18 de julio de 1994 nos pusieron una bomba a todos los seres humanos. Somos 40 millones de víctimas los que sufrimos acá, en nuestro país, el dolor que años más tarde enlutó a otros millones en India, Turquía, Estados Unidos, España, Inglaterra y tantos otros lugares.

 

Quienes vivimos en Argentina nos hemos acostumbrado a las tragedias cotidianas. Cada uno tiene un destinatario directo de sus lágrimas y su recuerdo. Entonces cada vez resulta más difícil pedirle a la sociedad que no olvide a quienes fueron asesinados por el terrorismo aquí, hace ya 18 años.

 

En hebreo, el número 18 se escribe igual que la palabra “Jai”. Y Jai significa vida. La vida que nosotros honramos cada día. La vida que el terrorismo desprecia y utiliza como moneda de cambio cuando muestra su verdadera cara.

 

¿Cómo explicarles a quienes vienen detrás nuestro, a los más chicos? ¿Cómo intentar hablarles sobre el terror, la discriminación, la muerte? ¿Cómo darle sentido al mayor de los sinsentidos?

 

Con los sueños, alimentamos las ilusiones. Con las ideas, alimentamos los proyectos. Con las fantasías, alimentamos la imaginación.

 

Con el recuerdo, alimentamos la memoria. Eso estamos haciendo hoy.

 

Mientras estemos aquí, juntos, alimentando la memoria, mantenemos encendida la esperanza y la vigilia, hasta que se haga justicia. Ese es el mejor homenaje que el Estado le debe hacer a las víctimas. Llegar a la verdad y encontrar a cada uno de los responsables.

 

Es una obligación con ellos, que ya no están. Y con nosotros, que seguimos de pie frente al terror.

 

AMIA es una institución llena de vida. Lo era en 1994 cuando celebraba los 100 años de su creación y lo es ahora con cientos de programas, proyectos y actividades que brindan respuestas a miles de chicos, jóvenes, adultos y mayores.

 

Esa es la forma que AMIA, la comunidad judía y la sociedad argentina toda, eligieron para responder ante la agresión de quienes desprecian los principios básicos de la democracia, la diversidad, el pluralismo y el respeto.

 

Ese es el camino que nosotros elegimos. Como lo hicimos también los más de mil jóvenes que ayer a la noche, como cada 17 de julio, nos reunimos en este mismo lugar para decir presente.

 

Nací en 1994. El atentado a la AMIA forma parte de mi identidad. Me constituye como persona, como alguien que elige recordar, que toma la decisión de ser parte e intentar proyectar un futuro distinto.

 

85 personas asesinadas. Más de 300 heridos. Historias que no pudieron seguir su historia. Somos nosotros los responsables de continuarla.

Ellos estaban viviendo. Como vos, como yo, como todos nosotros.

 

Hacemos Memoria. Exigimos Justicia.

 

Muchas gracias. 

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