Música en el Holocausto

Un trío de klezmers

Hoy, jueves 19 de abril de 2012, el mundo recuerda y rinde homenaje a las víctimas del Holocausto. 67 años pasaron desde la liberación de los campos, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, donde seis millones de judíos perdieron la vida en manos de la brutal maquinaria nazi.

Despojados de sus pertenencias, de sus reliquias familiares, de su dignidad, es posible detectar el sufrimiento del judaísmo europeo en la expresión musical. La música permitió a los judíos expresar su humanidad bajo condiciones inhumanas, escapar de la realidad, expresar sus anhelos de libertad y encontrar consuelo y esperanza.

Además de la música ejecutada en eventos particulares en los cuales se cantaba e incluso se bailaba, en distintos guetos se organizaron eventos musicales públicos. En los guetos de Lodz, Cracovia y Varsovia eran comunes las actuaciones de cantores callejeros que expresaban el sentir de los habitantes. Uno de los más populares era Yankele Hershkov (1910 – 1970), del gueto de Lodz, cuya música era conocida por muchos de los pobladores del gueto. La ejecución pública de música estaba frecuentemente censurada y controlada por las autoridades, pero la libertad de componer e interpretar no podía ser supervisada totalmente. De ese modo la música se convirtió en un símbolo de libertad. En Varsovia, Adam Furmanski (1883-1943) organizó pequeñas orquestas que tocaban música en comedores de beneficencia y cafés.

Lodz, Polonia. Un niño tocando el acordeón en el gueto, aparentemente en el sanatorio de niños en la comuna infantil de Marysin.

Una orquesta sinfónica actuaba en ese gueto hasta que las autoridades nazis prohibieron la ejecución de obras de compositores alemanes en abril de 1942. En Lodz, Jaim Rumkowski, el presidente del consejo judío, supervisaba los eventos musicales. En el centro cultural de Lodz, especialmente adaptado para interpretaciones musicales, funcionaban un teatro de revistas, una orquesta sinfónica y el coro “Zamir”. En el gueto de Cracovia se ejecutaban selecciones de música litúrgica y de cámara. El gueto de Vilna tenía un programa extenso de actividades musicales, incluida una orquesta sinfónica, varios coros y un conservatorio al que acudían 100 alumnos. Un teatro de revistas presentaba muchas canciones populares sobre la vida en el gueto.

Muchas canciones eran interpretadas en el gueto – algunas antiguas (a veces con el agregado de letras nuevas), algunas recientes. Una de las primeras antologías de canciones se publicó en 1948 bajo el título de Lider fun di guetos un laguern (Canciones de los guetos y los campos). Fue compilada y editada en Vilna por el autor, poeta y partisano Shmerke Kaczerginski (1908-1954). Esta comprende 236 letras en ídish y 100 melodías. Sin embargo muchas canciones de la época del Holocausto nunca fueron recolectadas y se perdieron para siempre.

Kovno, Lituania. La orquesta del gueto.

Partisanos que huyeron de los guetos y campos también escribieron canciones en varios idiomas. La mayoría eran destinadas a ser ejecutados por el grupo y no por un solo individuo y ante un público. Algunos partisanos se acompañaban con algún instrumento. Las más conocidas son las canciones de Vilna, gracias a los esfuerzos de Kaczerginski de compilarlas, transcribirlas, grabarlas y publicarlas.

Una canción que fue popular durante el Holocausto es Es brent (La aldea arde) del conocido compositor Mordejai Gebirtig (1877-1942) de Cracovia. Escrita bajo el impacto del pogromo de Przytyk en 1936, se convirtió en profética ante el inminente Holocausto, con la llamada a las armas ante los pogromistas y la demanda de no caer en la pasividad.

También en campos de concentración se compusieron y ejecutaron canciones. Si bien normalmente no eran transmitidas de un gueto a otro, los campos servían de lugar de encuentro de prisioneros de distintas localidades, en donde estos compartían la música y los cantos.

En el campo de Terezín estaban internados muchos compositores y músicos judíos de Europa occidental y central, y allí fueron compuestas y ejecutadas numerosas obras musicales. Viktor Ullmann (1898-1944) compuso dos sonatas para piano, tres canciones para barítono y piano, un trío para violín, viola y violonchelo y otras canciones y arreglos para melodías judías. La interpretación de su última obra, la ópera “Der Kaiser von Atlantis (El emperador de Atlantis) fue cancelada a último momento, Ullmann fue deportado a Auschwitz-Birkenau y asesinado. Otros compositores internados en Terezín eran Gideon Klein (1919-1945), e Ilse Weber (1903-1944). Una de las funciones más memorables en Terezín fue la ópera para niños “Brundibár” (en checo) de Hans Krása (1899-1944), que fue también incluida en el filme de propaganda nazi realizado en Theresienstadt.

En algunos campos y centros de exterminio los alemanes formaban orquestas de internados y las obligaban a interpretar cuando llegaban nuevos prisioneros, y cuando marchaban al trabajo o eran llevados a las cámaras de gas. Las orquestas también tocaban para entretener al personal del campo. En un momento determinado en Auschwitz hubo seis orquestas, con 50 ejecutantes. Una de mujeres en Auschwitz tenía 36 miembros y 8 transcriptores de notas bajo la dirección musical de Fania Fénelon. También había orquestas en Treblinka, Majdanek, Belzec y Sobibor.

La documentación y publicación de música del Holocausto comenzó poco tiempo después de la finalización de la guerra. Además del trabajo de Kaczerginski, se compilaron antologías por Yehuda Eisman (Bucarest, 1945) y Zami Feder (Bergen Belsen, 1946). Kaczerginski también realizó grabaciones entre los supervivientes en los campos de personas desplazadas, en el marco de la Comisión Histórica Judía Central de Múnich. La documentación y las grabaciones fueron entregadas a Yad Vashem (aproximadamente 60 melodías).

Compositores y poetas supervivientes crearon nuevas canciones y melodías como reacción al Holocausto y para conmemorar los eventos. Por ejemplo, Henekh Kon, en su colección Kdoyshim (Mártires) compuso música para poemas escritos por poetas ídish asesinados.

En ceremonias de recordación del Holocausto la canción Zog nit keinmol (Nunca digas, el himno de los partisanos) se ha convertido en una especie de himno del Holocausto. Otras canciones que expresan los temas de supervivencia, libertad, fe y esperanza se han añadido a los actos de recuerdo. Se escribieron también obras más extensas como “Un superviviente de Varsovia” de Arnold Schoenberg (1947), Dies Irae de Krzystof Penderecki, la 13ª sinfonía de Dmitri Shostakovich “Babi Yar”, y “Nunca vi otra mariposa” de Charles Davidson. Más obras de música judía, música ligera y artística siguen siendo creadas, especialmente en Israel y los Estados Unidos.

 

Fuente: Yad Vashem – Cuerdas del Corazón, música del Holocausto  

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