El guardián de la lengua y la cultura idish

A 110 años de su nacimiento: REB SHMUEL ROLLANSKY Z”L

Por Moshé Korin

72 años en la Argentina

 

Una larga vida es un don del cielo. Pero ser un escritor aplicado y una personalidad de la cultura a lo largo de 72 años de permanencia en la Argentina, no responde a pautas comunes. Sacrificarse por un ideal, dedicarle todos los esfuerzos, no desviarse un ápice del objetivo fijado y, sobre todo, no buscar beneficios personales en su actividad, hablan de un nivel poco frecuente, que sólo se alcanza por iniciativa propia y disposición al sacrificio.

Podemos decir que Shmúel Rollansky era “Un judío empecinado” (Ákshn). Sin embargo, su vida muestra no sólo terquedad, sino sobre todo un consciente idealismo. Para él la entrega en procura de un objetivo era algo natural, un rasgo de su carácter que nunca dejó de lado.

Fundador de instituciones

Parece no haber ningún ámbito en la vida judía, en el que Rollansky no haya dejado su impronta. Encontramos su nombre entre los fundadores de la Asociaciónde Escuelas Laicas Israelitas, la misma que inauguró el primer jardín de infantes judío de Buenos Aires, dirigido por la maestra Sara FisherZ”L, y luego la Escuela I.L.Pérez del centro. También se contó entre los fundadores de la Sección Argentina del Congreso Judío en pro de la Cultura Idish (“Kultur-Kongres”), que él presidió durante 7 años consecutivos. Desde esta institución, lanzó la iniciativa de editar en Idish los 10 tomos de la Historia Universal del Pueblo Judío (“Velt-gueshijte fun ídishn folk”), de Simón Dubnow, en 5 mil ejemplares.

Creó grupos juveniles de teatro, tales como “Iung Idish Teáter” y “Tes” y les brindó su estímulo.

De él partieron: la idea de instaurar, 67 años atrás, en una quinta adecuada, fuera de la Capital Federal, un “Día de la melodía judía” (Tog fun ídishn nign), que llegó a ser una tradición en nuestra comunidad; él impulsó la constitución de un grupo de escritores independientes, “Zeglen” (velas de barco), así como un periódico con el mismo nombre, en 1924, como reacción cuando las Escuelas Obreras Judías (“Idishe Arbeter Shuln”) retiraron de su nombre la palabra Judías. Fue maestro y director de la Escuela Peretz en Moisés Ville, así como en la ciudad de Corrientes.

Por iniciativa suya y de otras personalidades de nuestra comunidad, se trajo a la Argentina a un grupo de escritores y artistas sobrevivientes del Holocausto: Itzjok Ianosovich, Moishe Knapheis, Simje y Ruth Schwartz, Shmerke Katcherguinsky, Avrohom Zac, Iósef Okrutny, Boruj Haguer y otros, que enriquecieron con su aporte nuestra vida comunitaria.

No podemos dejar de mencionar su apoyo a la fundación de otra serie de instituciones y en especial a la construcción de nuevos ámbitos destinados a salvaguardar los tesoros de la cultura judía.

Pedagogo

Su desempeño como maestro marcó toda la actividad cultural en idioma ídish en nuestro “Ishuv” (comunidad). Mucho tenemos que agradecerle en cuanto a la preparación de jóvenes educadores, que hoy sirven a la lengua y la cultura ídish enla Argentina, en toda América, en Europa y en Israel.

Rollansky imprimió su sello personal no sólo en los conocimientos impartidos: para el entrenamiento de maestros y educadores tomó siempre en cuenta el factor emocional, capaz de asegurar una continuidad entre los seguidores y amantes del ídish.

 Su amor al teatro

Un capítulo aparte merece la inclinación y el amor de Shmúel Rollansky por el teatro judío. Pocos llegaron a medir como él la importancia de la expresión artística judía en la escena y el valor educativo del teatro judío para el desarrollo del gusto artístico entre todos los lectores de ídish y también en los medios estudiantiles. Además, Rollansky sabía muy bien que para muchos judíos, y especialmente para los inmigrantes hasta que lograban afirmarse en sus nuevos hogares, el buen teatro judío era su mejor escuela. Ya lo había dicho el gran I.L. Péretz: “Teatro, una escuela para adultos”.

 

Periodista

En cuanto a su labor propiamente periodística, todo aquél que recuerde el diario “Di Idishe Tzaitung”,  no dejará de evocar los artículos de Shmúel Rollansky, sus comentarios y aquella columna titulada “Shtrijn” (trazos, rasgos), en la cual reaccionaba a toda clase de acontecimientos, tanto los de actualidad como a los de interés permanente. Esa tribuna era un fluir cotidiano de conceptos referidos a la vida y a la política judía, con agudeza judía, saber y sobre todo, conciencia.

En la literatura

La generosidad de Shmúel Rollansky en cuanto a la difusión y popularización de la literatura judía, fue la responsable de su austeridad en la promoción de sus propias creaciones. En otro orden de cosas, podemos advertir que toda narración de su autoría encierra cierta finalidad, estrechamente relacionada con la vida judeo argentina, con los problemas del “Ishuv” y con la idea central de sostener esa vida; tomando en consideración las nuevas condiciones en que se desenvuelve. Puede servir de ejemplo su pieza teatral “Sénder Blank y sus herederos”.

En la pieza breve de Rollansky “A shtub mit gloibn” (Una casa creyente), encuentra su expresión la presunta generosidad del padre que se niega a cerrar su negocio el día sábado, pero en cambio insiste en que sus hijos concurran con él a la sinagoga en las Altas Fiestas. Sus otros relatos y piezas breves giran alrededor de temas parecidos. El autor no manifiesta ninguna religiosidad, pero ve en la adhesión a las tradiciones una posibilidad de seguir forjando la cadena dorada (“góldene keit”) del judaísmo.

El arma literaria de Shmúel Rollansky es la ironía, la mordacidad inserta en las situaciones grotescas. También los diálogos se destacan por su ritmo y su viva naturalidad.

Muy interesante es el libro de Rollansky Iberlébunguen (Experiencias de vida), una mirada a la historia de un largo período de la vida judía y a la autobiografía de su autor en particular. La quintaesencia de este libro tal vez se encuentre en una de sus frases: “Vivir es construir para la vida que sigue – no precisamente para uno mismo”.

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