Sousa Mendes, el “Schindler portugués”

Arístides de Sousa Mendes


Arístides de Sousa Mendes fue un diplomático portugués que tuvo la mala suerte (o buena, depende como se mire) de estar asignado al consulado de su país en Francia, justamente cuando ésta fue ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que Portugal se mantuvo neutral en el conflicto, Arístides desde su despacho y aprovechando su cargo diplomático ayudó a huir a más de 30.000 refugiados y judíos, de hecho salvó más personas que el mismo Oskar Schindler.

Sousa Mendes nació en la región de Beira, Portugal, el 9 de julio de 1885 en el seno de una familia aristocrática y acomodada, con muy buenos vínculos políticos. Estudió Derecho en la Universidad de Coímbra y obtuvo su licenciatura en 1908. Ese mismo año se casó con su prima y novia de toda la vida, María Angelina de Abranches, con la cual procreó 14 hijos.
Al poco tiempo de casarse empezó su carrera diplomática, la cual lo llevó a desempeñarse por varios países del mundo como Zanzíbar, Kenia, Brasil y Estados Unidos, lugares donde también nacieron algunos de sus hijos.
En 1931 fue asignado a Amberes, Bélgica. Luego de casi una década de dedicado servicio en este país, Arístides fue enviado al consulado de Burdeos en Francia.

Al estallar la Segunda GuerraMundial, Portugal se declaró país neutral, de hecho el propio dictador del país, António de Oliveira Salazar, hizo constar su negativa a entrar en el conflicto obligando a todos los cónsules portugueses a: “no conceder visados a extranjeros de nacionalidad indefinida o en litigio, ni a los apátridas, ni a judíos expulsados de su país de origen o del país del cual sean ciudadanos.”

Su firma y sello

Al producirse la invasión de Francia por parte de las tropas nazis, llegaron huyendo hasta Burdeos periodistas, intelectuales, artistas y políticos franceses que se habían manifestado contra el fascismo y familias enteras de judíos perseguidos. Alrededor de 30.000 refugiados, entre ellos 10.000 judíos se congregaron frente al consulado portugués tratando de obtener un visado que les permitiera salir de Francia. En ese tiempo, para los que no tenían dinero para un viaje en barco, la alternativa era Portugal, pues en los puestos fronterizos españoles se permitía el paso a quienes tuvieran visados portugueses. Pero la orden del presidente portugués Antonio Oliveira Salazar era terminante: “no debían emitirse visados a judíos ni a otras personas indeseables”.
Arístides decidió ignorar las órdenes de su Gobierno y siguió expidiendo visados de entrada para Portugal. Con el afán de ayudar a la mayor cantidad de gente posible y viendo las redadas de los nazis, decidió hacer algo más radical, y es así que el día 16 de junio de 1940 decidió entregar visas a todo aquel que se lo pidiera, gratis y sin ningún requisito.

Arístides junto al rabino Jacob Kruger

Con la ayuda de sus hijos y sobrinos así como con la del rabino de Amberes, Jacob Kruger, se dedicó a expedir pasaportes y firmar visas ininterrumpidamente.

Por tres días y tres noches trabajó sin permitirse ni un minuto de descanso, en los alrededores del consulado se agolpaban miles de refugiados, incluso dentro del propio consulado había cientos de personas de todas las edades, especialmente ancianos y enfermos. Había mujeres embarazadas, gente que había visto morir a sus familiares por los bombardeos de los aviones. Dormían en las sillas, en el suelo, sobre las alfombras, no comían ni bebían por temor a perder su turno en la fila.

Entre el 16 y el 18 de junio, mientras los aviones alemanes bombardeaban Burdeos, Arístides Sousa Mendes concedió 2.862 visados según consta en los registros.

El dictador portugués Antonio de Oliveira tomó medidas contra el cónsul rebelde, y por medio de cancillería le ordenó regresar inmediatamente a su país. Adicionalmente, envió dos agentes para que lo escoltaran de regreso a Portugal.

Siendo escoltado de regreso y todavía en suelo francés, pasaron el 20 de junio por el consulado portugués en Bayona. Allí Arístides volvió a ver a cientos de personas apiñadas a las puertas del consulado. Ello le recordó las escenas del suyo en Burdeos, y aunque se encontraba solo de paso, entró a la oficina y, haciendo caso omiso de las objeciones del cónsul local, le ordenó emitir de inmediato visados a todos los solicitantes.

Después de proveer a los solicitantes el tan buscado documento, los acompañó personalmente al puesto fronterizo de Irún (País Vasco) y se aseguró que lo cruzaran sin incidentes ya que desde Portugal habían invalidado aquellos pasaportes. Gracias a la lentitud de los medios de la época para comunicarse, los guardias de la aduana española todavía no habían recibido la orden desde Madrid de prohibirles la entrada, y no tuvieron más remedio que dejar pasar a todos los refugiados que acompañaban al antiguo cónsul para continuar en dirección a Portugal.

Con su esposa e hijos, en buenos tiempos

Al regresar a Lisboa, Sousa Mendes sufrió las represalias del dictador Antonio de Oliveira. Fue obligado a abandonar su carrera diplomática e incluso le impidieron que ejerciese la abogacía. Hasta su licencia para conducir, que había sido emitida en el extranjero, le fue requisada. Esto lo dejó en la indigencia e incapacitado para mantener a sus 14 hijos.

Sobrevivió gracias a la caridad de la comunidad judía de Lisboa. Con su ayuda, dos de sus hijos pudieron estudiar en Estados Unidos.
Fue tanto el acoso del dictador y la presión que este ejercía, que condenó a Arístides al más cruel ostracismo social y económico, incluso sus vecinos no le saludaban por miedo a represalias, y llegó al punto de terminar comiendo en comedores de beneficencia y malviviendo con una escasa dotación económica que le suministraron los judíos portugueses como forma de agradecimiento. Sus hijos tuvieron que esparcirse por el mundo para poder subsistir.

Al término dela Segunda GuerraMundial, el dictador portugués fue felicitado y condecorado por haber “ayudado a muchos refugiados”, en cambio Arístides de Sousa murió en el olvido y nunca recibió un reconocimiento público a su labor.

Con María Angelina, su esposa

El ex cónsul pasó sus últimos años de vida sumido en la miseria después de vender todas sus pertenencias a la muerte de su esposa en 1948. Falleció el 3 de abril de 1954 en el hospital de los franciscanos en Lisboa.

Sousa Mendes llegó a emitir más de 30.000 visados para los refugiados y judíos víctimas de la persecución nazi. Entre las personas que se beneficiaron de sus visas humanitarias constan personalidades como Otto de Habsburgo, hijo del último emperador de Austria-Hungría, Salvador Dalí y Gala Eluard Dalí, y hasta varios integrantes de la familia Rothschild.

La mayoría de judíos que lograron cruzar los Pirineos y España en el verano de 1940 y que lograron llegar a la frontera portuguesa, lo hicieron gracias a este hombre.

Fuente: http://www.sentadofrentealmundo.com/2011/05/la-lista-de-sousa-mendes-el-schindler.html#ixzz1ed4X7OPN

Anuncios