El japonés que salvó la vida de seis mil judíos

Chiune Sugihara

Chiune Sugihara fue un diplomático japonés que se desempeñó como cónsul del Imperio Japonés en Lituania durante la Segunda Guerra Mundial. Aprovechando la jerarquía de su cargo, pudo ayudar a miles de judíos a salir del país, otorgándoles visados de tránsito para que pudieran viajar al Japón, aún poniendo en riesgo su carrera y la seguridad de su familia.

Sugihara mostraba ser una excepción en el Cuerpo Diplomático Imperial, y un japonés distinto a los demás dado que prefería obedecer a su conciencia y vivir según sus propias convicciones morales.
En marzo de 1939, fue enviado a Kaunas para abrir el servicio consular. Esta era la capital provisional de Lituania del momento, situada estratégicamente entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Chiune Sugihara apenas se estaba adaptando en su nueva función diplomática, cuando el ejército nazi invadió Polonia en septiembre de ese mismo año. El resultado fue una ola de judíos polacos que decidieron abandonar su país, y que se trasladaron a la vecina Lituania que permanecía neutral. Con ellos, llegaron los escalofriantes relatos de las atrocidades alemanas contra la población judía. Los que pudieron escapar, lo hicieron sin posesiones, por lo que la población judía lituana hizo todo lo posible para ayudarlos con dinero, ropa y vivienda.

A mediados de junio de 1940, cuando los soviéticos invadieron Lituania, era demasiado tarde para que abandonaran el país. Irónicamente, los soviéticos permitieron salir sólo a los judíos que habían llegado de Polonia, pero con la condición de que se vayan cruzando la Unión Soviética, siempre y cuando los documentos y visados estén en regla.
Pronto empezaron a llegar noticias de que los alemanes estaban avanzando rápidamente hacia el este. En julio de 1940, las autoridades soviéticas dieron instrucciones de que, por su seguridad, todas las embajadas extranjeras abandonaran Kaunas. Casi todos los consulados cerraron y sus cuerpos diplomáticos abandonaron Lituania de inmediato, pero Chiune Sugihara solicitó quedarse en el país, y se le concedió un permiso de 20 días de estadía. Quería ayudar de alguna manera.

Antiguo Consulado de Japón en Lituania

Hitler iba tejiendo su red alrededor de Europa del Este, el tiempo para los refugiados se acababa. Fue entonces cuando a algunos de los refugiados polacos se les ocurrió un plan, que de resultar, sería su última oportunidad para escapar con vida de los nazis: no se necesitaba visa para viajar a las islas holandesas del caribe, Curazao y la Guyana holandesa (ahora Surinam). Y el cónsul de Holanda, Jan Zwartendijk, estaba dispuesto a sellares sus pasaportes con la visa de entrada.

Sin embargo, aún con el pasaporte sellado por el cónsul holandés, los judíos seguían teniendo un gran problema: no había vuelos directos al Caribe. Debían salir de Lituania, y para eso, necesitaban pasar a través de la Unión Soviética. Pero otra vez tuvieron suerte, puesto que cónsul soviético simpatizaba con los refugiados y accedió a dejarlos pasar, pero bajo una nueva condición: además del visado holandés, también deberían obtener un visado de tránsito japonés, ya que obligatoriamente tendrían que pasar por Japón, en su camino hacia las islas holandesas.

Refugiados polacos afuera del Consulado japonés

Una mañana a finales de julio de 1940, Chiune Sugihara y su familia despertaron debido al bullicio frente al consulado proveniente de una multitud de judíos polacos que sabían que aquella era su última oportunidad: necesitaban que el consulado japonés les otorgara las visas de tránsito para pasar por su país.

Chiune Sugihara estaba conmovido por la situación y quería ayudar, pero no tenía la autoridad para emitir tal cantidad de visas, sin la autorización del Ministerio de Relaciones Exteriores en Tokio. Telegrafió a su gobierno en tres ocasiones solicitando la autorización, pero desde Tokio se lo negaron tajantemente. Japón no quería recibir refugiados judíos porque eso sería contrariar a un aliado como Hitler.

Sugihara y su esposa Yukiko

Después de las continuas negativas de su Ministerio, el diplomático japonés consultó la situación con su esposa ya que debía tomar una decisión difícil. Si bien era ante todo un hombre criado bajo la estricta disciplina tradicional de los japoneses y sabía que estaba obligado a obedecer las órdenes del Imperio Japonés, su sangre y sus códigos de samurái le decían que siempre que sea posible se debía ayudar a los necesitados.

Sugihara sabía perfectamente que si desafiaba las órdenes de su gobierno podría ser despedido, deshonrado, y seguramente sería el fin de su carrera diplomática. Encontrarse en aquella posible situación le dificultaría mantener a su familia en el futuro, pero igual decidió hacer lo que le dictaba su conciencia.

Uno de los visados emitidos por Sugihara

Durante 29 días, desde del 31 de julio al 28 de agosto de 1940, Chiune junto a su esposa Yukiko, se dedicaron a firmar visas de tránsito a mano. Hora tras hora, día tras día, durante estas cuatro semanas escribieron, firmaron y sellaron un promedio de 300 visas diarias. El trabajo era tan extenuante, que al final del día, su esposa Yukiko debía masajear las fatigadas manos del Cónsul. Ni siquiera tenían tiempo de detenerse a comer porque no quería fallarle a toda esa gente que hacía fila día y noche delante del consulado.

A la final les entregó miles de visas (al menos fueron seis mil), tantas como le fueron posible firmar, hasta que los soviéticos le obligaron a cerrar el consulado y abandonar Lituania.

Una de las últimas cosas que hizo el cónsul japonés antes de despedirse, y ya con el tren partiendo, fue obsequiarle el Sello Oficial de visado y bastante papelería a un refugiado que era su amigo, el cual los siguió utilizando para salvar más judíos.

A pesar de la desobediencia cometida, el gobierno japonés conocía de las habilidades diplomáticas de Sugihara y sabía que les sería útil durante el conflicto, razón por la que durante ese tiempo no fue removido. Pero en 1945, cuando la guerra terminó, automáticamente fue separado del Ministerio. Toda su carrera diplomática de largos años quedó truncada, teniendo que empezar nuevamente desde cero.

El resto de su vida lo pasó en el más completo anonimato, hasta que en 1968, Jehoshua Nishri, miembro de la embajada israelí en Tokio y beneficiario de las visas de Sugihara, finalmente pudo localizarlo. Nishri había sido un adolescente en 1940, cuando recibió la visa del cónsul japonés.

El grupo de refugiados que sobrevivió gracias a Sugihara, presentó una petición para su inclusión en el Museo Yad Vashem. En 1985 Chiune Sugihara fue nombrado “Justo entre las Naciones”, la más alta distinción que otorga el gobierno de Israel, a ciudadanos de otros países que ayudaron a los judíos durante el holocausto. Al ex cónsul y a toda su familia les concedieron la ciudadanía israelí perpetua.

Sugihara murió el año siguiente, el 31 de julio de 1986.

Fuente: Extractos obtenidos del blog “Sentado frente al mundo

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